Nuestros últimos posts de este blog te habrán dado una idea de hasta qué punto todo lo que ocurre en el medio ambiente está íntimamente relacionado. Juntos vimos como una serie de circunstancias climáticas y su interrelación con algunas especies determinadas, están poniendo en serio peligro los bosques de coníferas. En nuestro caso nos enfocamos en la Comunidad Valenciana poniendo como ejemplo el Parque Natural del Montgó, pero, desgraciadamente la devastación no se limita a esa zona, ni a nuestro país.
Seguimos descifrando las causas que han provocado que muchos bosques hayan cambiado del verde al marrón prácticamente de un año para otro. En este artículo, nos centraremos en otro de los factores que han llevado a esta situación, la falta de diversidad y de variabilidad en los bosques.
¿Cuál es la diferencia entre la diversidad y la variabilidad vegetal?
Ambos términos tienen relación, sin embargo, es necesario matizar sus conceptos. El primero es más amplio y, el segundo, más concreto. Para comprender qué es la diversidad vegetal, piensa en la selva amazónica. La inmensa variedad de especies de árboles, arbustos, flores y hierbas que en ella coexisten, ejemplifican perfectamente lo que se describe como un ecosistema con “alta diversidad vegetal”.
En el caso de la variabilidad vegetal, piensa, por ejemplo, en todas las clases de naranjas valencianas que existen: Las Navelinas, Las Sanguinas, Las Satsumas etc… Una misma especie con diferentes características genéticas.
¿Por qué hay tantos pinos en nuestros bosques?
Es difícil no caer en la sobresimplificación, si en pocas líneas, pretendemos transmitir la compleja historia forestal de España. Ya desde el siglo XVIII, la deforestación de grandes extensiones del territorio constituía una preocupación. Se crearon entidades gestoras de los montes y se aprobaron diferentes leyes para promover la repoblación y la conservación.
No obstante durante todo el siglo XIX y primeras décadas del siglo XX los procesos de deforestación y sobreexplotación de los bosques se intensificaron. Muchas fueron las razones. Por nombrar algunas, citamos la industrialización, el aumento de la población, de la agricultura extensiva, el comercio creciente, la construcción de toda la red ferroviaria, sin olvidar que, pese a la existencia de nuevas fuentes de energía, la población española depende de la leña hasta bien entrado el siglo XX.
Hasta la década de los 40, las iniciativas de repoblación no contaron con los recursos y panorama sociopolítico adecuados para llevarse a cabo. A partir de ese periodo, se repoblaron muchos miles de hectáreas pero con unos métodos y criterios que, más tarde, ya casi en los años 80, fueron, y siguen siendo, muy criticados porque crearon otros problemas no menos graves.
Las repoblaciones carecían de diversidad, en consecuencia, los bosques de nuestros días son en muchos casos, monoespecie. Se realizaron mayoritariamente con pinos y eucaliptos, ambos de crecimiento rápido. Se apostó por la cantidad antes que por la calidad. Se plantaba el mayor número de hectáreas, al menor coste posible.
En el caso de La Comunidad Valenciana, los bosques se componen, casi en su totalidad de pino carrasco (Pinus halepensis) y pino negral (Pinus pinaster). Por otra parte, las repoblaciones implican también que la gran mayoría de los árboles de los bosques se encuentran en el mismo momento de desarrollo, es decir, tienen la misma edad.
Diversidad y variabilidad vegetal: ¿Por qué son tan importantes?
Ambas son fundamentales para la vida. La diversidad y la variabilidad vegetal aseguran la conservación y la estabilidad de los bosques ante posibles perturbaciones y, el cambio climático, trae consigo muchas de ellas. Ya vimos en posts anteriores que la situación de sequía extrema debilita los árboles, son más susceptibles de caer enfermos y de ser atacados por diferentes plagas. Explicamos el fenómeno de “La Seca” y señalamos los actores implicados, los escolítidos, los nemátodos y los hongos. Una triada devastadora.
Un bosque diverso y con variabilidad genética, tiene muchas más posibilidades de afrontar con éxito condiciones extremas, ya que unas especies pueden mantener el funcionamiento del ecosistema, si otras se ven más afectadas.
Un bosque diverso, productivo y sano, presenta un suelo fértil y evita la erosión. Además, alberga más fauna, atrapa más cantidad de CO2, ayuda a la formación de nubes y estabiliza el clima.
Contrariamente, la falta de diversidad y variabilidad es sinónimo de vulnerabilidad. Los monocultivos forestales son, como hemos visto, el escenario perfecto para que las plagas y las enfermedades proliferen e incluso lleven al colapso rápido de ecosistemas enteros.
Por otra parte, los bosques carentes de diversidad, se adaptan peor a los efectos del cambio climático, sufren incendios forestales más severos y son menos capaces de regular el ciclo del agua.
¿Cuál es el presente de la gestión forestal?
Ya hemos podido comprobar que los métodos de reforestación de décadas pasadas, pese a su extensión en hectáreas, no han tenido como resultado ecosistemas sostenibles y preparados para los efectos y consecuencias del cambio climático.
Por ello, y tras lo aprendido, las administraciones implicadas en la gestión forestal optan por estrategias con un enfoque a largo plazo. En principio, se promueve la regeneración natural complementándola con plantaciones estratégicas. Las especies no se seleccionan en base a la rapidez de su crecimiento. Se seleccionan especies autóctonas, de árboles, de monte bajo, y matorrales, con mayor tolerancia a la sequía, al calor, y a otros fenómenos climáticos extremos. Como por ejemplo, cipreses, carrascas, palmitos, algarrobos, olivos, lavandas o lentiscos entre otros…
Se dispone de presupuestos determinados, y existen subvenciones para proyectos de conservación, repoblación y concienciación. No sólo se implican las administraciones sino que se promueve la participación de entidades privadas y de la ciudadanía. Todos podemos poner nuestro granito de arena.